26 Feb 2014

Protocolo: La pedida de mano

Mi mente esta noche me ha jugado una mala pasada.

Creo que después de escribir abiertamente en este post que «nos saltemos el protocolo», mi cabecita se siente mal y lo ha exteriorizado en forma de pesadilla. En ella, todas mis invitadas lucían unos preciosos canotiers, y unos estilosísimos vestidos blancos. Y me decían «¿Por qué te molestas Martina?, tú nos dijiste que podíamos saltarnos el protocolo». Una tragedia.

Y es que, como bien os decía ayer, yo soy mucho de protocolo; lo estudié en su momento, y ahora me sigue interensando, aunque a mi manera. Me gusta saber qué dice el protocolo para cada situación y después aplicarlo o no, pero sabiendo lo que hago. Así que, mientras mi parte racional intenta progresar y ser práctica, dejando a un lado el protocolo, otra mitad me lo impide y pretende que lleve el protocolo a rajatabla, cosa que a estas alturas, ya es imposible.

Total, un jaleo.

El caso es que hoy, a modo de conciliación con mi yo interior, quería empezar lo que será una serie de post sobre el protocolo en las bodas y, como en toda boda, comenzaré con «La pedida de mano».

Podríamos decir, que la pedida de mano es la antesala de lo que será la posterior boda. Es como un ensayo, con la diferencia de que sólo acudirán los familiares más cercanos.

La tradición dice, que serán los padres del novio quienes acudirán a casa de la novia, para celebrar allí el encuentro. Eso dice la tradición, pero ríete tú de ella, porque no creo que los reyes fueran a casa de los padres de Letizia a pedir nada. Continúo, que me desvío.

La misma mañana de la pedida, el novio enviará un ramo de flores -a poder ser rosas blancas- a su prometida, y les entregará en la misma pedida un obsequio, bien sea un centro de flores, vino o una botella de cava, a los padres de la novia.

En este punto hago un inciso, y es que me imagino a «Mr A» y a mí, haciendo toda esta parafernalia, y no puedo más que reírme. Por favor, que estamos en el Siglo XXI, evolucionemos.

Pero continúo.

El protocolo dice que, durante los postres, será el momento ideal para formalizar la «pedida». El novio debe dar un breve discurso y, finalmente, se dirigirá al padre de la novia para pedir su bendición.

Y yo sigo riendo.

Los regalos que la tradición recomienda son, un anillo para la novia, cuyo valor será de aproximadamente dos salarios del novio -ay que me muero con los anillos que se regalan por ahí-, y para el novio, un reloj de similar precio.

Una vez los novios están prometidos, los padres deberán tener la desagradable conversación de «¿quién paga qué?», pero esto ya lo hablaremos más adelante.

¿Vosotras tuvisteis esta tradicional pedida de mano? Si es así, soy todo oídos -o ojos-.

¡Feliz miércoles monadas!

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