30 Jul 2014

La boda de Alberto y Marina: el vestido de la novia

«El vestido de novia de Alta Costura Mantua pertenece a la Colección Ibiza 2013 de YolanCris. Es un modelo de escote cerrado con transparencias en tul, tiras de bloda y aplicaciones de guipur de seda. Es entallado hasta la cadera a partir de la cual sale una cola de dos niveles.

Vestido de novia ibicenco para novias con estilo hippie chic y bohemio, con el espíritu libre, creativa, original, diferentes y modernas. Un vestido de novia creado artesanalmente con tejidos de alta calidad europeos, trabajados a mano, hechos a medida, diseñados y producidos 100% en Barcelona por YolanCris. El sueño de alta costura se refleja en cada detalle para que estés perfecta en tu gran día.»

El secreto mejor guardado, mi vestido de novia.

He hablado y especificado infinidad de detalles de nuestra boda antes de que ésta se celebrara, y, por más que intenté tener el secreto del vestido bien guardado, no he podido evitar dar alguna que otra pistilla.

Si habéis seguido el blog desde el principio o, aunque se hayáis pasado por aquí de vez en cuando, no hace falta que seáis Sheldon Cooper para saber, o al menos suponer, que mi vestido de novia sería un YolanCris. Las pistas están aquíaquí y aquí.

Y, efectivamente, me decidí por uno de sus modelos, y me da igual que lo llaméis Timor, Mantua o Córcega, ya que son los 3 tan parecidos, que hasta al ojo más experto le costaría diferenciarlos.

Timor

Hoy os quiero contar la historia de mi vestido.

La primera vez que fui a probarme los vestidos de la firma YolanCris, no tenía ni fecha ni sitio para la boda, ni siquiera tenía claro que me fuese a casar. Aquello fue una fantástica casualidad, que me hizo tener claro -clarísimo-, que allí, entre aquellos vestidos, estaría el mío.

Cuando ya fui en serio a probarme, con fecha, cita y decisión, lo encontré a la primera. El modelo Mantua era mi vestido, me hacía brillar los ojos como ningún otro lo había hecho -y eso que ya me había probado unos cuantos-. Me hacía no querer quitármelo en mi vida, aquel vestido me quedaba perfecto hasta para ir a la playa. Sentí unas ganas inmensas de bailar, de gritar y de cantar… felicidad absoluta, ése era mi vestido.

Mantua

Después miré el precio, y mi cara cambió.

No fue ninguna sorpresa, ya sabíamos bien lo que costaban los vestidos de YolanCris y aún así accedí a probármelos sabiendo que me encapricharía de uno de ellos. Ya en alguna ocasión os he hablado de esa sensación.

Podía pagarlo. Es más, una parte de mí quería pasar la tarjeta y llevarlo conmigo a casa para nos separarnos nunca más. Luchar contra esa parte irracional/emocional fue lo más duro de aquel momento. Pero por otro lado…. mi parte racional me decía que era inmoral gastar ese dinero en un día, por el mero hecho de sentirme «guapa». Guapa, algo tan subjetivo… podía verme guapa con cualquier otro modelo, porque no os lo vais a creer, pero hay veces que me veo guapa en pijama ¡en pijama!  (son muy pocas, eh..) y no entendía por qué había que gastarse ese dinero para un rato.

Pero el vestido me gustaba tanto…

Mi madre tampoco ayudaba nada diciendo una y otra vez «llévatelo, es una vez en la vida y ése es tu vestido», ni intentaba convencerme diciéndome que ella pagaba la diferencia entre lo que para mí era un precio razonable y la cantidad de la etiqueta. Pero el pecado seguiría siendo el mismo.
Así que me fui de la tienda sin mi vestido, pero pensando un plan.

Córcega

Como buena seguidora de la trayectoria de YolanCris, sabía que cada año, sacan un modelo muy similar al que me acababa de robar el corazón; en 2011 fue el Córcega, en 2012 el St Louis y en 2013 el Mantua, y podía suponer (ahí me arriesgué) que en 2014 saldría otro muy parecido, cosa que efectivamente pasó, el modelo Timor.

El plan fue esperar a que la colección 2014 estuviera en las tiendas y llamar una por una a todos los puntos de venta YolanCris, para comprarles el que les hubiera quedado de 2013 de exposición, vestido que al ser de una temporada pasada, estaría más bajo de precio.

Era un riesgo, pues podría no encontrarlo y tener que comprar el de 2014, o lo que es mucho peor, no encontrarlo y que además en 2014 no sacaran un modelo similar.

Aún así, arriesgué, ¡Y GANÉ!

Era una talla 46, y tenía ligeramente sucio los bajos del forro, pero ¿qué me importaba?

Aquél era mi vestido, ¡¡lo había encontrado!! Mi parte racional y mi parte irracional por fin se reconciliaron y sintieron, justo en aquel momento, la mayor de las felicidades.

Tras unos arreglos por aquí, y unas limpiezas por allá… ¡¡Voilà!!








Y además de precioso, cómodo. Sin duda, mi vestido perfecto…

A todas aquellas novias que tienen un presupuesto limitado, les animo a que busquen y busquen y no paren de buscar. Que ideen planes así como lo hice yo. A veces, hay suerte y se da con el vestido soñado a un precio más bajito. Y quién sabe si con la diferencia, puedes poner en tu boda… ¿Un fotomatón?

*Todas las imágenes fueron tomadas por nuestra fotógrafa Toñi Olalla.

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